Por Om Ulloasi vamos a hablar de lo mismo… ¿para qué? me digo y me dicen mientras se ensaña la aguja trabada en la pista y machaca la musiquita del disco cubiche de siempre —cansona, estridente y posesiva: la verdad ¡es mía, mía y sólo mía!— como si estuviéramos en un bar de esquina, abiertas todas las puertas al estrecho puente que conduce a nuestras varias orillas, donde el rancio aroma a orine ruge bajo el calor del mediodía, bajo el mismo intolerable sol.
y me leo aquella verdad. bah, verdaderamente sólo una vocecilla maquillada y parlanchina con capa, dizque, de lo transparente que hace hincapié en lo comuniStario y las combustiones espontáneas. puff-puff- paff-paff. me la leo, digo, la noticia de esa verdad descompartida, que parece tener un caprichoso numerito enganchado en la cola (7494-4645… apunte mental: juégalo en la bolita… que abundan los “4”). dice ella, la verdad, que es por el bien de todos. y de tontos y tintas y tientos, pero de nadie, en realidad.
mientras, voy silbando “…ausencia quiere decir olvido…” y traqueteo el cerebro borracho de patriOtismo que vive contigo. y contigo y contigo. para ser imparcial, me leo la otra verdad, la que se esfuerza en ser eso, otra —o la misma verdad, a pesar de esas mentiras de las que va viviendo día a día— que se asoma por la vitrola y zarandea a la anterior con un roce de su amplio trasero de cubana sata que lleva la misma talla numérica de la otra cubana no tan sata. déjalos que canten boberías y medias verdades, me grita ésta, que lo mío sí es la verdad entera, recalca sonriente. pero le falta un diente… uff, la verdad, como la belleza, nunca es completa.
y desde la barra del bar del chorrito del olvido los miro, a mis compinchatriotas que tartamudean al unísono —que nunca unidos— dando traspiés por todas nuestras orillas de arenas movedizas pugilateando que les reconozcan su tan personal visión de lo verídico y les elogien el esfuerzo que hacen, el sacrificio de cargar con tanto peso, su peso… verdad vs. verdad… dad y ver… más de lo mismo, hoy igual que ayer. por eso, para no quedarme fuera del bonchinche, me apuro a vociferar también mi verdad, que pa´eso es mía, mía y sólo mía que soy cubiche y no me gustan las mentiras… ni las viejas ni las nuevas, tantas verdades a medias.
es verdad que el “sueño americano” no existe como es verdad que la “utopía obrera-comunista-revolucionaria” tampoco es, fue ni será. sí sé que existe el sueño, la pesadilla, el insomnio, el desvelo. ah, y también el cansancio y el hastío, productos los dos de luchar a diario por conseguir ambas letanías de tan huidizas promesas: sueño y utopía. imposible dúo por fabulosos los dos en sus solemnes y carentes ofrecimientos. y por lo tanto, deseables. miento. envidiables. codiciables. sinónimos, but not quite… es verdad que también existe una “industria anticastrista” que se ufana en formar “el bloque de los duros” porque su pan blando de cada día viene de eso… de lo que produce como industria, al fin y al cabo. así es y debe ser el capitalismo: producir para comer, y a partir de ahí todo lo demás. también es verdad que existe una “industria antimperialismo yanki” que se la pasa ideando —y no produciendo, aclaro, porque esta “industria” no sabe producir nada—pantomimas, trovas y pirués en su bloqueASqueado muro, allí donde acumulan doculadrillos para protegerse. y así, a su sombrita, pueden comerse su pan blandito sin que los molesten, sin dejar caer una sola miga a las laboriosas hormigas al pie del bloquEmuro. que son cientos… no… miles… no… millones… de hormigas.
por eso, es cierto que muchos —cubanos, estadounidenses, “cubanoamericanos” y “cubanoeuropeos”— se benefician de ambas “industrias” sin el menor remordimiento. miento, no son muchos. son cientos… no… miles… no… millones. y ninguno es una hormiga que pasa hambre a diario, eso es otra gran verdad. ninguno se acuesta sólo con una gota de agua y azúcar prieta en su barriguita de insecto porque tienden a ser reptiles rastreros (y no de la categoría “gusanos de seda”, aclaro, que esos ya alzaron su vuelo-mariposa hace rato). eso es un hecho. Es cierto y no exagero. dios me libre. for in god we trust. y eso de la iglesia y del estado no se liga. NUNCA. no se vale ni dios imaginado ni la imaginación de un dios. como debe ser. no como es. como un trago sin hielo o como un trago colado por el filtro del congreso de las ideas que deberían ser libres y no infiltradas por-y-en las masas ofuscadas por las prohibiciones on the rocks, frozen in the senate, bar none. ah, el interminable conflicto bilingüe del ser y del estar. son verbos muuuy irregulares, como la verdad. hay que aprenderlos a conjugar bien para cada ocasión. a conveniencia. que para eso es el lenguaje, para comunicar. a conveniencia. en cualquier idioma pero con claridad y libertad. sin tergiversar. eso de la verdad y a quién beneficia. soy la verdad o estás diciendo la verdad. una o varias, esas verdades como puños. que dan golpes. con los que te obligo a creer en mi verdad. y entonces soy verdugo de verdad. por eso…
es verdad que el “imperio yanki” tiene sus manos —puños, garras y pezuñas, dirían algunos— sucias y ensangrentadas desde que se forjó como tal. libremente forjado a su antojo con el consecuente despojo de otros. don´t fence me in brama el imperioso y libertino dueño del “nuevo” mundo que también luego domina a “todo el mundo”. es la ecuación del poderoso, grande y unido contra el chiquito, pobre, regionacionalista y desunido. y como dicen los “yankis” cuando se emborrachan y se ponen viriles y románticos: “all is fair in love and war”. y te tienden la mano y te dan un empujón. fair trade, they call it. tienen razón, a veces. ya le tocaba al “nuevo” mundo eso de tener un imperio mandón, que el viejo —mundo, se entiende— tuvo unos cuantos y al “descubrir” los que otrora tuviera el “nuevo” los destruyeron con habilidad. con garras, puños, uñas y pezuñas ensangretadas. por hábito y costumbre, lo viejo siempre cortándole las alas a lo nuevo. debido a la experiencia, dicen. la experiencia de poder sentirse libres y con ganas de viajar a lo prohibido y conquistar, de nuevo, digo. la experiencia que es resultado y sinónimo de experimento. que significa “probar algo nuevo”. cambiar lo que no funciona y… either you get the picture or you don´t. más o menos. pero…
es verdad que una “dictadura” alias “tiranía” que se ha hecho llamar “utopía revolucionaria” y ha durado medio siglo sin elecciones manteniendo un país —chiquito pero exagerado— y varias generaciones bajo “mano de hierro” también tiene sus garritas, uñitas, puñitos y pezuñitas ensangretadas. y por lo tanto no se merece ningún premio: ni bombones ni maíz ni trigo ni turistas borrachos. rum, give me free rum or give me death. el tiempo ha demostrado sin duda que los “proletarios” garfios de la dictirrana son ya a estas alturas morcillas coaguladas por la inacción, que flotan sin dirección y poca convicción hacia el sur —siempre al sur agarrados de ese bloque-o flotante del norte— con las indecisas corrientes del “nuevo” mundo, ya no tan joven pero aún rehusando madurar. porque ser adolescente toda la vida es el estado ideal. para echarle la culpa a los viejos. o a los niños. o a las hormigas. o a los imperios. es una maravilla eso de no aceptar responsabilidad por la falta de visión, proyección y claro, eso lleva a la autoindigestión. eso de comerse entre sí, digiriendo siempre la mordida de culpar al otro. y nada como tener carte blanche para apuntar en el hielo. sin oposición. fíame y apunta en el hielo... la ineptitud. las mentiras. las deudas. las traiciones. los asesinatos.
no, definitivamente la dictirrana no se merece un premio imperial… pero, ay las hormigas, tan laboriosas, sudadas, asustadas, manipuladas, hambrientas… necesitan nuevas migas de energía, nueva sangre. para que se reciclen en el olvidado montículo de los dioses imaginados. tal vez van y por fin se animan y forman la nueva colonia. la de hormigas sin zángano. habrá que ver. pero antes, habrá que reciclar toda esa sangre que embarra y mancha muchas… no, miento. cientos… miles… millones de manos, puños, garras, uñas, pezuñas cubanas. todas ensangrentadas por defender “la verdad” y su grueso peso. ése con el que tantas hormigas flacas cargan a cuestas, hoy más que nunca. el peso de la verdad. una o varias. verdades unidas convertibles. VUC. o de muchas una, puro peso imperial. E PLURIBUS UNUM.
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om ulloa
mientras, voy silbando “…ausencia quiere decir olvido…” y traqueteo el cerebro borracho de patriOtismo que vive contigo. y contigo y contigo. para ser imparcial, me leo la otra verdad, la que se esfuerza en ser eso, otra —o la misma verdad, a pesar de esas mentiras de las que va viviendo día a día— que se asoma por la vitrola y zarandea a la anterior con un roce de su amplio trasero de cubana sata que lleva la misma talla numérica de la otra cubana no tan sata. déjalos que canten boberías y medias verdades, me grita ésta, que lo mío sí es la verdad entera, recalca sonriente. pero le falta un diente… uff, la verdad, como la belleza, nunca es completa.
y desde la barra del bar del chorrito del olvido los miro, a mis compinchatriotas que tartamudean al unísono —que nunca unidos— dando traspiés por todas nuestras orillas de arenas movedizas pugilateando que les reconozcan su tan personal visión de lo verídico y les elogien el esfuerzo que hacen, el sacrificio de cargar con tanto peso, su peso… verdad vs. verdad… dad y ver… más de lo mismo, hoy igual que ayer. por eso, para no quedarme fuera del bonchinche, me apuro a vociferar también mi verdad, que pa´eso es mía, mía y sólo mía que soy cubiche y no me gustan las mentiras… ni las viejas ni las nuevas, tantas verdades a medias.
es verdad que el “sueño americano” no existe como es verdad que la “utopía obrera-comunista-revolucionaria” tampoco es, fue ni será. sí sé que existe el sueño, la pesadilla, el insomnio, el desvelo. ah, y también el cansancio y el hastío, productos los dos de luchar a diario por conseguir ambas letanías de tan huidizas promesas: sueño y utopía. imposible dúo por fabulosos los dos en sus solemnes y carentes ofrecimientos. y por lo tanto, deseables. miento. envidiables. codiciables. sinónimos, but not quite… es verdad que también existe una “industria anticastrista” que se ufana en formar “el bloque de los duros” porque su pan blando de cada día viene de eso… de lo que produce como industria, al fin y al cabo. así es y debe ser el capitalismo: producir para comer, y a partir de ahí todo lo demás. también es verdad que existe una “industria antimperialismo yanki” que se la pasa ideando —y no produciendo, aclaro, porque esta “industria” no sabe producir nada—pantomimas, trovas y pirués en su bloqueASqueado muro, allí donde acumulan doculadrillos para protegerse. y así, a su sombrita, pueden comerse su pan blandito sin que los molesten, sin dejar caer una sola miga a las laboriosas hormigas al pie del bloquEmuro. que son cientos… no… miles… no… millones… de hormigas.
por eso, es cierto que muchos —cubanos, estadounidenses, “cubanoamericanos” y “cubanoeuropeos”— se benefician de ambas “industrias” sin el menor remordimiento. miento, no son muchos. son cientos… no… miles… no… millones. y ninguno es una hormiga que pasa hambre a diario, eso es otra gran verdad. ninguno se acuesta sólo con una gota de agua y azúcar prieta en su barriguita de insecto porque tienden a ser reptiles rastreros (y no de la categoría “gusanos de seda”, aclaro, que esos ya alzaron su vuelo-mariposa hace rato). eso es un hecho. Es cierto y no exagero. dios me libre. for in god we trust. y eso de la iglesia y del estado no se liga. NUNCA. no se vale ni dios imaginado ni la imaginación de un dios. como debe ser. no como es. como un trago sin hielo o como un trago colado por el filtro del congreso de las ideas que deberían ser libres y no infiltradas por-y-en las masas ofuscadas por las prohibiciones on the rocks, frozen in the senate, bar none. ah, el interminable conflicto bilingüe del ser y del estar. son verbos muuuy irregulares, como la verdad. hay que aprenderlos a conjugar bien para cada ocasión. a conveniencia. que para eso es el lenguaje, para comunicar. a conveniencia. en cualquier idioma pero con claridad y libertad. sin tergiversar. eso de la verdad y a quién beneficia. soy la verdad o estás diciendo la verdad. una o varias, esas verdades como puños. que dan golpes. con los que te obligo a creer en mi verdad. y entonces soy verdugo de verdad. por eso…
es verdad que el “imperio yanki” tiene sus manos —puños, garras y pezuñas, dirían algunos— sucias y ensangrentadas desde que se forjó como tal. libremente forjado a su antojo con el consecuente despojo de otros. don´t fence me in brama el imperioso y libertino dueño del “nuevo” mundo que también luego domina a “todo el mundo”. es la ecuación del poderoso, grande y unido contra el chiquito, pobre, regionacionalista y desunido. y como dicen los “yankis” cuando se emborrachan y se ponen viriles y románticos: “all is fair in love and war”. y te tienden la mano y te dan un empujón. fair trade, they call it. tienen razón, a veces. ya le tocaba al “nuevo” mundo eso de tener un imperio mandón, que el viejo —mundo, se entiende— tuvo unos cuantos y al “descubrir” los que otrora tuviera el “nuevo” los destruyeron con habilidad. con garras, puños, uñas y pezuñas ensangretadas. por hábito y costumbre, lo viejo siempre cortándole las alas a lo nuevo. debido a la experiencia, dicen. la experiencia de poder sentirse libres y con ganas de viajar a lo prohibido y conquistar, de nuevo, digo. la experiencia que es resultado y sinónimo de experimento. que significa “probar algo nuevo”. cambiar lo que no funciona y… either you get the picture or you don´t. más o menos. pero…
es verdad que una “dictadura” alias “tiranía” que se ha hecho llamar “utopía revolucionaria” y ha durado medio siglo sin elecciones manteniendo un país —chiquito pero exagerado— y varias generaciones bajo “mano de hierro” también tiene sus garritas, uñitas, puñitos y pezuñitas ensangretadas. y por lo tanto no se merece ningún premio: ni bombones ni maíz ni trigo ni turistas borrachos. rum, give me free rum or give me death. el tiempo ha demostrado sin duda que los “proletarios” garfios de la dictirrana son ya a estas alturas morcillas coaguladas por la inacción, que flotan sin dirección y poca convicción hacia el sur —siempre al sur agarrados de ese bloque-o flotante del norte— con las indecisas corrientes del “nuevo” mundo, ya no tan joven pero aún rehusando madurar. porque ser adolescente toda la vida es el estado ideal. para echarle la culpa a los viejos. o a los niños. o a las hormigas. o a los imperios. es una maravilla eso de no aceptar responsabilidad por la falta de visión, proyección y claro, eso lleva a la autoindigestión. eso de comerse entre sí, digiriendo siempre la mordida de culpar al otro. y nada como tener carte blanche para apuntar en el hielo. sin oposición. fíame y apunta en el hielo... la ineptitud. las mentiras. las deudas. las traiciones. los asesinatos.
no, definitivamente la dictirrana no se merece un premio imperial… pero, ay las hormigas, tan laboriosas, sudadas, asustadas, manipuladas, hambrientas… necesitan nuevas migas de energía, nueva sangre. para que se reciclen en el olvidado montículo de los dioses imaginados. tal vez van y por fin se animan y forman la nueva colonia. la de hormigas sin zángano. habrá que ver. pero antes, habrá que reciclar toda esa sangre que embarra y mancha muchas… no, miento. cientos… miles… millones de manos, puños, garras, uñas, pezuñas cubanas. todas ensangrentadas por defender “la verdad” y su grueso peso. ése con el que tantas hormigas flacas cargan a cuestas, hoy más que nunca. el peso de la verdad. una o varias. verdades unidas convertibles. VUC. o de muchas una, puro peso imperial. E PLURIBUS UNUM.
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