2.12.10

EDITORIAL GUAMAÑANGA · Mucha, mucha idoneidad

Entre las tranquilas sombras que lanzan los derruidos bohíos en Labana, con la combatividad que garantiza el plato de arroz y frijoles sin aceite de la noche anterior y que en este amanecer que de algazara se renueva con el uno del día y el buchito de borra fría, han comenzado en esta villa los debates con miras a preparar la vía que con estruendo patriótico y remezón de voluntades, nos conducirá a tan magna cita del Partido único que en días pasados su magestá, la hermana regente, en nombre del primero y más tarajayú de los cubanos anunciara para alegría infinita de los habitantes, nativos y venidos destas tierras fermosas y encumbradas. Por las calzadas de tierra de su magestá, a las puertas de las fondas y los caneyes, en las puertas de la muralla y hasta en los lejanos parajes de extramuros se habla de lo que es la noticia del año, la más esperada la que se traduce en un sentimiento de sanísimo entusiasmo.

Entusiasmo que todo lo inunda y se convierte en algazara allí donde se mire porque este batir de almas que se escapa con su carga sagrada por debajo de las arcadas del palacio de gobierno nos aseveran que aquellos que nos guían con imperecedera mano hacia vistoso horizonte de la estrella amarilla están de plácemes y abocados en la ingente tarea de recoger, en heroico paripé, todo aquello que tienen para decir los negros del Manglar y Belén, Jesús María y Los Sitios, Cayo Hueso y Colón. No quede duda, serán escuchados por sus majestades ilustrísimas en paso a los cambios que se implementan en nuestro sistema económico nacional y prometen traer la buscada eficiencia a los bateyes, ingenios y cafetales de esta ultramarina provincia.

Que las bocas se suelten y digan aquello que sea menester para que los cuadros, en sus geometricadas mentes generen las ideas que habrán de salvar a la Patria y ponerla en su merecido sitio. Que a su vez callen las venenosas lenguas que pretendan aprovecharse de esta coyuntura para desperdigar su discurso de odios y reproches contra los que han sido los únicos capaces de darnos sin merecerlo todo aquello que nos ha brindado esta vida de plenitud desde aquel amanecer del año innombrable, en que ÉL entro en esta villa para desterrar de un golpe al desarrollo del que solo obtendríamos los funestos resultados que, podemos ver, sufren los mal llamados países del primer mundo.

Que cada uno de los negros, indios y morenos desta isla alcen los ojos al firmamento y con mirada perdida en el azur infinito agradezcan una vez más el hecho de que en este universo, hostil y finito en que moramos podemos contar con la protección y la amiga mano que desde la plaza de la raspadura, en cada esquina, de dos en dos y en beatíficos batallones nos legan aquellos que nos gobiernan y a los que gracias mediante hoy podemos, devolviéndoles un ápice de lo recibido, brindar la ayuda que nos exigen, con certeras palabras en móviles bocas que dormidas mentes repiten como en sueños y mucha, mucha idoneidad.

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