18.1.13

CRÓNICAS DESTA ÍNSULA · ¿Qué más puede pedirse?


En esta Villa de cabeza andan las cosas y es natural menester que así sea, sin mentar que no solo en ella corren las cosas del revés, pues también es así en las posesiones de ultramar que la engalanan y se dirigen desde palacio como quien manda, desinteresadamente y en familia, un campamento militar.

En casa, leguas más o menos y en un arranque de frenesí patriótico que denota falta de masa y seso claman algunos criollos del partido del condado de Lawton dados a la baba por Emilia, el nuevo enjúndio que habrá de resolver nuestros dolores patrios mediante irreales exigencias. ¿Acaso no fuera mejor dejar la pose y la corbata, el gesto individual y bogar por la unión y el fin común? No se empieza el bohío por el tejado y menos cuando sobran mesias y faltan pastores en las quintas de sus majestades. En vez de pararse a robar cámara diciendo que su letra es la del año, debía darse la mano para danzar con los demás, porque si no lo saben es mejor mirar pa' dentro y no oír de afuera lo que manda desde lejos unos, cuyo lema de nacimiento es el consabido quítate tú pa' ponerme yo de siempre.

Mientras en esta Cuba, colérica y primorosamente diarreica las cosas amarradas no andan, en esa Cuba de ultramar, provinciana y extendida en el entronque de la América, se arremolina con la ausencia del buey de los huevos de oro negro que no ceja en su intención de cantar el manisero ni mudarse pa'l reparto bocarriba, dejando huérfanos del baro, el crudo y el cuadre a esos padres ideológicos que primero que ver el mérito tocan la billetera, generosos siempre, que dé la cuenta el bisne.

Y es que nadie comprende, injustos que son todos menos ellos, que mantener el bayú armado cuesta, más ahora que ha ganado otras orillas, regaladas y pierniabiertas que dominar. Como los tiempos de ingentes gozaderas pasó el tiempo, ahora hay que exportar indios a millares para que vuelvan con la mandioca y el cúsube que enriquece y permite que las doncellas de la real familia gocen las capitales del gran mundo como uno más del jet set mundial pues es su derecho porque aunque se dijo, para nada todos somos iguales aunque existan algunos más iguales en todo que los demás.

Que algunos hermanos ahora asustados por la avalancha de negros maquenques y jabaos ribereños pidan carta de invitación para pasar a sus playas, no asusta a esa marea de cuentapropistas en fuga que arrebolan el horizonte, amenazadores y deseosos de poner las patas donde sea, lo mismo en las suaves orillas del Potomac que en las riberas del Manzanares, cuna de los íberos divisores, metiches, chismosos y arrastrajientos que por Carromero dieron el ojete del torero. Y es que desde Wayler no hubo español peor para nuestras costas que el desafortunado pericote que por más que se le pida no habla en la medida que el otro, sueco por más señas no despierta.

¿Qué decir de más de estos señores que no siempre sea de menos? Que no habiendo suerte con los Rajoy, que ahora manda a que no se miente en casa el mal de millones por la dicha de uno, más encima, que no habla. Y es que nunca la hubo ni con los González, Fraga, Aznar, Valeriano, Moratinos y otros, hasta aquel del huevo que pisó estas costas un día, para traer todo lo que somos y la madre de la madre le debemos, en patria. 

Lo mejor sería olvidar, pues con rencores no podemos sumarnos al gran mundo que desde hoy compartimos como el que más, gracias a la reforma migratoria y otras bondades que nos devuelven a paso de penco viejo, aquellos que nos honran con el yugo porque al final, podemos viajar y ser uno más a ponernos en la cola del mundo para compartir sus miserias en democrática forma. ¿Qué más puede pedirse?

3 comentarios:

Anónimo dijo...

En tres palabras; COJONUDO DE VERDAD.

Anónimo dijo...

Ustedes la tiran en estereo, ná de ná!

Inesita Correcalle dijo...

Ni que lo hubiera escrito el mismísimo Martí. Apretaron! ¿Quién lo escribió? ¿Ramón?