15.12.12

CRÍTICA DE CINE · 7 días en La Habana



Esta "película" es una muestra de ese planteamiento fula que todos los yumas traen y llevan entre nalga y nalga de lo que es Cuba y su capital. El jineteo coyuntural y tan pragmático como el "revolucionario" de turno. Es que el autor y/o autores esta peliculita, chupalísticos y arrastraóticos, reflejan constantes en el devenir pujón y simple de la vida nacional, arrebol de conceptualismos rimbombantes, rutilantes y jineteriles, trozos de los cuales se pueden ver aquí, como si en la isla la estética - pringosientísmica, no hubiera otra cosa que el espacio - tiempo - descojonístico - verdeoliva.

Pero toda la culpa de que el metraje sea un ultraje sin traje posible ni crítica veraz, no es solo del director y/o directores, adulones y agachao's, más vacas que toros. Es que la isla - tracacojonospica es así como la retrata un actor liberto, extranjero, tiemplaputa y/o puto, puero estereotipo estereotiposo, fácil y sencillo como verso olvidado que no toco aquí por límpido.

Y he ahí el motivo de su existencia, troncóspilosica, conceptual y travesti - militante, el agache certero, la enseña de lo fula y lo banal para nada tocante con la realidá mísera - pobrecística, descojonante y absoluta, lo que permite que sea la película y sea el director y/o directores y el jineterismo total ejercido que en tiempos idos el 58 dio y da, recurrente en su arte a quienes han hecho de un país un siete para el mundo que nos observa, deseosos de dar el cuerpo y los hoyos todos, lo único propio en ese paraíso tropical donde todo es posible bajo el trinomio artístico y básico de comulgar con quien rige, imponente y sin convencer. Callando.

Bueno, las casualidades no existen, 7 en la charada china es mierda y 58 culo.