9.11.12

EDITORIAL GUAMAÑANGA · La "revolución", para más resingueta, se las da de generosa


Pa' todos los negros, indios y mestizos que con Sandy perdieron lo poco y nada que tenían, el "gobierno revolucionario" magnánimo, ha "decidido" bajar a la mitad los precios de los materiales de construcción para que los que puedan y como puedan, levanten de nuevo el bajareque que los vientos del meteoro le tumbaron hace un par de semana atrás. Lo curioso aquí no es que los ladrones de Labana "decidan" dejar de ganar poniendo los ladrillos a la mitad de su precio inalcanzable y ofreciendo créditos de banco para aquellos que no pueden pagar ni la cajemuerto, lo curioso y que desarregla es que los bichos de Birán quieran siempre sacar beneficios políticos de todo lo que hacen, publicando la notica en el Granma con tintes de grandilocuente gesto, cuando es lo menos que debieran hacer desde el primer día del desastre en Santiago y alrededores.

Esos materiales de construcción debían tener el precio justo siempre, según el mísero salario que suponen pagan ellos, porque ni bajando a la mitad el valor actual la gente está en condiciones de poder comprarlos. Así que aprovechen ahora que en un mes más los ponen más caros de los que estaban antes de Sandy, de alguna forma recuperan los puntos que dieron. Y de las donaciones ni hablar, todos sabemos que del plato a la boca se pierde la sopa. El ciclón solito, con todo su poder destructor, no es el único culpable, el consorte ventoso y mojador contó con la ayuda interesada y ominosa de un gobierno que trata al país como una finca abandonada, donde malviven maltrechos de trecho en trecho los pabladores-prisioneros de un afán cagalitroso y mesiánico que un penco instauró hace medio siglo, para eterno mal de todos y hasta, créalo o no, de ellos mismos.

Ese gobierno, dado al bisne fula y la cobradera rastrera, debió precaver, desde antes, el desastre que hoy sufre la segunda ciudad de la isla-bayú y otras provincias, dejando que la gente viviera e hiciera por ellos y no penando hasta las ganas de cagar que a uno le daban de vez en cuando. Esos "revolucionarios" apernados en el pasado y arrastradores de todos a la tumba héroica de sus generales y fachadores no debió prohibir el derecho primero del ser humano, aquel de hacer por sí mismo. El "pueblo", secuestrado por la máquina trágica y buro-pingarrienta-muelera esa que nos sembraron y que es hoy la que haciéndose la bizca pa' verla doble, se las da de generosa, para más resingueta, a muchos días ya, de que la mona no cargara más al hijo.

Pero, ¿qué se puede esperar del clan biranense que tira pa' su cartón y no mide consecuencias ni se desvela por la negrada del amplio batey? Allá ellos, los pobres, porque a ellos pertenece el reino de los cielos. Pa' los mayimbes hay otras cosas, como el retiro sabroso en Mayami, donde vivir de los impuestos y escondío de aquellos a los que les resingó la existencia en las prisiones de Las Villas, mientras hoy se quejan y lloran porque unos gusanos pisoteados no son capaces de olvidar, perdonar y pasar la página para que ellos vivan sus últimos años en paz.

Ver al delfín cagarrín (alias Marielo Campos) de la china meter muela y marear la píldora con el mismo discurso de los puros, sin darse cuenta que el mundo no es la isla maltrecha, desecha y que su baba es vieja y no da esplendor, a su hermana la Marimonga diciendo que los jóvenes no están hoy conectados con la ruina del gobierno que nos legan su tío y su viejo pellejo y a una infinidad de cuadros cuadrados para los que Sandy fue una noticia por ver en televisión entre zapping y zapping de canales en la "antena" y más ná... porque allá ellos, los humildes, los desamparados y los sin techo y todos aquellos a los que les queda esperar porque después de toda una vida viviendo en el abandono absoluto, tienen que creer que la "revolución" no dejará a nadie desamparado en este, el reino mayor del desamparo per se, abierto a todo y todos, el que venga de afuera con billete o de apellido Campos y nacido en Birán.

Mientras tanto. Continúa el descaro, el abuso, el miedo y la bobería en la calles... por no hablar y mucho menos, escribir de los cobardes.